jueves, 25 de febrero de 2010

El nuevo club de países latinoamericanos


Andrés Oppenheimer



EE.UU.- ( AGENCIALAVOZ.COM ) La reciente cumbre de países latinoamericanos y caribeños realizada en Playa del Carmen, México, decidió crear un nuevo bloque regional que excluirá a Estados Unidos y Canadá, en lo que muchos medios internacionales calificaron como un acto de abierto desafío hacia Washington.



Pero existen tres razones importantes para creer que, pese a las aseveraciones de Venezuela y sus satélites de que el grupo reemplazará a la Organización de Estados Americanos y se convertirá en frente contra la política exterior estadounidense, la nueva asociación regional será algo muy diferente.
En primer lugar, muchos de los 32 países que participaron de la cumbre del 22-23 de febrero están atrasados en sus pagos anuales a las Naciones Unidas, la OEA y otras instituciones internacionales, y lo que menos quieren es crear una nueva burocracia.
El presidente mexicano Felipe Calderón, que presidió la cumbre, dijo que el nuevo grupo --provisionalmente llamado Comunidad de Estados de Latinoamérica y el Caribe-- será un ``mecanismo'' para discutir asuntos políticos y económicos a nivel latinoamericano, que no intentará reemplazar a la OEA.
Rafael Fernández de Castro, el principal asesor de Calderón en política exterior, me dijo en una entrevista que el nuevo grupo será una cumbre ``flexible'' que se reunirá anualmente o cada dos años, pero que probablemente no tendrá un edificio propio, ni personal permanente. Más bien, cada país sede de la próxima cumbre presidirá el grupo por uno o dos años, y proveerá el personal para preparar la siguiente reunión, explicó.
``México considera que no es necesario constituir un organismo, ni crear un acuerdo vinculante'', dijo Fernández de Castro. ``No queremos gastar dinero en estructuras que consideramos innecesarias''.
Entonces, ¿qué será este grupo?, le pregunté. La idea es reducir --no aumentar-- el número de cumbres regionales, respondió. Mientras que ahora hay dos cumbres anuales que reúnen a los líderes latinoamericanos y caribeños sin la presencia de Estados Unidos, Canadá y España --la Cumbre del Grupo de Río, que se centra en temas políticos, y la Cumbre de América Latina y el Caribe (CALC), que se ocupa del desarrollo y la integración económica--, el nuevo grupo fusionaría ambas cumbres en una sola, dijo.
Según Fernández de Castro, ``esto debería ser como las cumbres de Asia-Pacífico de la APEC, que nadie quiere perderse, porque se tratan temas de importancia para todos''.
La segunda razón por la que es probable que la nueva comunidad no se convierta en un foro de discursos antiestadounidenses es que la comisión de cinco países designada para redactar la carta constitutiva del nuevo grupo está integrada en su mayoría por países que no quieren crear fricciones con Estados Unidos. El grupo de trabajo está compuesto por México, Brasil, Jamaica, República Dominicana y Venezuela, y tendrá que presentar sus recomendaciones a tiempo para una cumbre en Venezuela en el 2011 o --más probablemente-- para una cumbre en Chile en el 2012.
``Hicimos lo que hacen los gobiernos cuando no quieren hacer algo: creamos una comisión'', me dijo un ministro de un país miembro del grupo de trabajo. ``Venezuela es la opinión minoritaria dentro del grupo''.
La tercera razón es que el Grupo de Río --la base de la nueva Comunidad-- será presidido durante los próximos dos años por Chile, cuyo presidente electo, Sebastián Piñera, asumirá la presidencia el 11 de marzo. En una entrevista reciente, Piñera me dijo que como presidente del Grupo de Río se propone trabajar duro para fortalecer los mecanismos de defensa de la democracia y los derechos humanos de la OEA, que son anatema para el gobernante venezolano Hugo Chávez.
Mi opinión: Lo que está detrás de la creación del nuevo grupo regional es un intento de México por recuperar el espacio que ha perdido en Latinoamérica en los últimos tres años, en que Brasil prácticamente eliminó a México del mapa político regional.
Durante los últimos tres años, Brasil ha consolidado a UNASUR, el bloque diplomático sudamericano, que de hecho excluye a México. Eso le permitió a Brasil convirtirse en el líder indiscutido de América Latina, mientras México estaba dormido, o ensimismado en sus problemas económicos y de seguridad.
Desde el inicio de su mandato, Calderón se ha dedicado a reparar las relaciones de México con Venezuela y Cuba, tal vez para evitar problemas con la izquierda radical mexicana mientras proseguía con su guerra contra los carteles del narcotráfico, al costo de renunciar a su anterior defensa de la democracia en la región y al protagonismo de México en asuntos latinoamericanos.
Ahora, probablemente sin intención de cambiar su timorata política exterior, México está tratando de crear un grupo regional más amplio, donde tanto Brasil como México puedan ser considerados líderes. Eso es lo que hay detrás de la nueva Comunidad regional latinoameriacana y caribeña, más que alguna conspiración secreta para desafiar a los Estados Unidos.

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